LA FAMILIA, DESDE EL PRINCIPIO (primer repaso)

Un primer repaso a una teoría de la familia que debe servirnos para empezar a entendernos y entenderles.
Una familia es el lugar donde un animalito indefenso llega, poco a poco y año tras año, a ser una persona que piensa, habla, estima, forma un familia... No es preciso ni decir que el animalito humano no llegaría a ser nada si no se le arropara, amamantara, abrigare, limpiare, enseñara a caminar, a hablar, a controlarse, a vivir. Cualquiera cachorro de cualquiera especia es capaz de valerse por si mismo. Aunque sea como el cangurito, que deberá estar meses a la bolsa marsupial de su madre y que, pequeño como un garbancito con patas, es capaz de ir subiendo por toda la barriga, entrar en la bolsa y ponerse a cerca del pezón para ir bebiendo la leche durante meses.
El humanito –el cachorro humano- debe aprender a ser persona, poco a poco, con la ayuda, a la guía, el acodamiento constante de una serie de personas que están a su derredor, y al que nombramos como “família”. No tanto porque sean de la misma “sangre” como porque son del mismo vivir y convivir, como se puede comprobar en los hijos adoptados, que hasta se parecen a sus padres adoptivos en como se mueven, en cómo hablan, en los gestos y, evidentemente, en la manera de vivir y entender el mundo y la vida.La familia es el lugar donde los humanos llegamos a ser personas, sea una familia patriarcal mediterránea –donde convivían diferentes generaciones compartiendo la casa, las tierras, el trabajo la cotidianeidad y la autoridad de un padre o una abuela-, o una familia monoparental –donde los hijos viven solo con la madre o el padre por separación o divorcio, muerte o simplemente porque la madre no formó pareja con ese padre. Cada modelo de familia tiene sus características propias, pero todos los modelos de familia pueden producir –y de hecho producen- personas humanas adaptadas a la sociedad.
Una de las experiencias más curiosas para los niños pequeños es comprobar como en otras familias –en otras casas- las cosas no se hacen de la misma manera que en la suya. Por ejemplo, no es tan importante comer todos juntos, o se come en la cocina de cualquiera manera, o se pone una mesa con todos los elementos en cada comida; quizá haya un ambiente de voces y ruidos, donde todos hablan y ríen, se escuchan o se callan cuando los va bien; o quizá sea una casa donde sólo se habla cuando se tiene algo importante que comunicar, donde se nota que todas están pendientes de todos o, por el contrario, cada cual va a lo suyo. Las niñas y los niños pequeños, que pensaban que vivir era aquello que se hacía a su casa, como se hacía a su casa y con las reglas que se tenían a su casa, se percatan que en las otras casas hay otras reglas diferentes a las de su familia. Y que aquella familia funciona de otra manera y que, por ello, no pasa nada.
Cada familia tiene un sistema propio y diferente, que ha ido construyéndose poco a poco desde mucho antes de que los novios –futuros padre y madre- se casaran y/o comenzaran a vivir juntos. Porque cada uno de los dos llevaba en su cabeza una estructura de familia, un sistema que había ido haciéndose desde que sus padres –los abuelos de los que serán sus hijos- se casaron, y que había estado hecho en base a la idea de familia que cada uno de ellos llevaba de sus familias respectivas. Para cada persona el concepto de padre o madre está basado, para bien o para mal, en el que ha conocido y ha vivido en el seno de su familia desde que nació. Las reglas de juego de esa familia – quién manda, cuándo se come, cuándo se puede hablar, qué se puede y no se puede decir, qué es divertirse, a qué se tiene derecho, en qué se gastan el dinero...- conforman la idea de lo que para él o ella es una familia. Y a la hora de formar la suya propia es la que ponen encima la mesa. Y en seguida se extrañan de que para ella –o para él- las cosas no sean como son para él –o para ella-.
Cuando comienzan a convivir en pareja se dan cuenta que ni las palabras ni los conceptos que los parecían tan claros y firmes lo son realmente. Y es en los pequeños detalles donde más pueden chocar al principio: la ventana abierta o cerrada, el pestillo pasado en el baño o no, levantarse tarde o temprano los domingos, ir a comer sábados en casa de él o de ella... Y será cuando tengan hijos y deban asumir otros roles en el teatro familiar cuando se darán cuenta de que tienen más ideas diferentes sobre cómo funciona una familia y, por ejemplo, qué es ser pare y ser madre, quién se alza por la noche o quien cambia los pañales, de qué se hace cargo cada cual, quién se responsabiliza de decirle la hora de regresar a casa, quien manda callar o quien habla y cuándo.

La Escuela ayuda a cada Familia a Formar, a Instruir en algunos temas y destrezas que los padres y madres no saben, no pueden o no tienen tiempo. Pero se supone que al Estado, a la Administración, a los poderes públicos, también les interesa incidir –o no incidir- en algunos temas que se tratan en la Escuela, para que ésta los asuma como algo propio: Derechos y Deberes, Participación, Derechos Humanos, Principios Constitucionales y de Convivencia, Medio Ambiente, Superación de Conflictos, Paz, Seguridad en el Tráfico... La Escuela sirve hasta para enseñar a limpiar y luego fluorar los dientes de los pequeños, o para poner Vacunas y hablar de Sexo, Droga y Rock & Roll.
